Los opositores a Castro se dividen entre los que ven en el adiós de Castro la posibilidad de cambio y una continuidad del régimen en la figura de Raúl
Fidel Castro anuncia que se jubila
El mundo pide cambio a Cuba tras la renuncia de Fidel Castro
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Organizaciones de la oposición interna cubana han acogido el anuncio del jefe de la revolución, Fidel Castro, de dejar el poder después de casi medio siglo, con una mezcla de ilusión ante la posibilidad de que se abran las puertas a cambios en la isla, y de cautela ante la presencia predominante del hermano de Fidel, Raúl.
Aunque discreparon sobre si el líder cubano seguirá manejando el país «entre bambalinas», la mayoría opinó que la renuncia reforzará el liderazgo del presidente provisional, Raúl Castro, para llevar a cabo las anunciadas reformas económicas que no se han producido.
Óscar Espinosa Chepe, preso excarcelado del Grupo de los 75, afirmó que el mensaje difundido en la prensa oficial cubana supone «la consolidación de Raúl Castro» y que ahora «hay más posibilidades de que se inicie algún proceso de cambios, sobre todo en lo económico». «Es un golpe fuerte para los elementos más inmovilistas del Gobierno», agregó, y subrayó que aunque Fidel Castro siga influyendo en la toma de decisiones, con su alejamiento del poder «el grado de influencia baja considerablemente».
Manuel Cuesta Morúa, del socialdemócrata Arco Progresista, aseguró que la decisión del líder cubano es un «alivio histórico para todos los cubanos». En su opinión, despeja «las dudas sobre la necesidad de institucionalizar el liderazgo de Cuba» y despeja la «posibilidad de que se abran las reformas que demanda el pueblo». «Termina una era épica de Cuba y empieza una época de normalización, de cambios que se acelerarán una vez que Raúl Castro tome el poder», declaró Cuesta en referencia a la constitución de la Asamblea Nacional el próximo 24 de febrero, cuando se designará al nuevo Consejo de Estado.
Miriam Leiva, co-fundadora de las Damas de Blanco, familiares de los 75 condenados en la primavera del 2003, sostiene que «comienza una nueva etapa que ojalá lleve hacia los cambios y hacia la democracia, y el pueblo cubano pueda ser creativo». Para Leiva, la decisión del octogenario líder evidencia que «se ha dado cuenta de que es una persona enferma» y «libera a Raúl Castro para poder ejercer y llevar a cabo las reformas y que surjan otras personas en la cúpula del Gobierno y del Estado». No obstante, en su opinión, «el primer paso debe ser que liberen a nuestros disidentes».
El líder del grupo moderado Cambio Cubano, Eloy Gutiérrez Menoyo, consideró que el jefe de la revolución ha adoptado la mejor de las opciones que tenía, «la de renunciar». Algo que, en su opinión, «abre una perspectiva de cambio, si (Fidel Castro) no está tras las bambalinas tratando de dirigir todo». «Lo que se impone es levantar la creatividad de los cubanos, permitir que los cubanos puedan trabajar y contribuir a levantar el país, y que no todas las cosas sean un delito», dijo. Gutiérrez Menoyo cree que empezando «con los cambios económicos, los cambios políticos deben venir».
En el otro lado de la balanza se encuentra Martha Beatriz Roque, de la Asamblea para Promover las Sociedad Civil, que coincidió en la metáfora de las bambalinas para asegurar que Castro «va a seguir detrás» de las decisiones que se adopten en la isla. Para Roque, la decisión del líder cubano «no es el cese del poder» y recordó que la Constitución cubana establece «que la dirección máxima está en el Partido» Comunista de Cuba. «Él ha renunciado al Consejo de Estado, pero no al partido», dijo, al opinar, que la decisión buscó «legitimar la situación de Raúl Castro, porque eso ha sido criticado en el mundo, eso de ser jefe sin ser jefe».
Piensa Roque que se producirán algunos de los «cambios estructurales» anunciados por Raúl Castro, «porque todo el mundo los está pidiendo», pero expresó sus dudas acerca de la verdadera intención de cambio del menor de los Castro.
El líder del Movimiento Cristiano Liberación, Oswaldo Payá, afirma en un comunicado difundido en La Habana que la noticia «indiscutiblemente tiene importancia histórica» y llama a las autoridades a «trabajar inmediatamente para transformar las leyes para que los ciudadanos tengan derecho a expresarse y asociarse». Además, pide la convocatoria de elecciones libres y la liberación de los presos políticos pacíficos a fin de que, en un «ambiente de reconciliación, el pueblo cubano pueda iniciar una nueva etapa de su vida».
Los grupos de disidentes cubanos en España han expresado también su relativa esperanza ante los eventuales cambios que se puedan producir en Cuba tras la renuncia de Fidel. Carlos Payá declaró en Madrid, como portavoz de su hermano, el opositor Oswaldo Payá, que lo prioritario ahora es que la Asamblea del Poder Popular comience a tomar una serie de medidas para facilitar el cambio. Es una noticia esperada, añadió, pero «no entramos en futuribles porque es un momento muy delicado», aunque sí hizo un «llamado a la esperanza y a la reconciliación como la mejor manera de afrontar este momento delicado».
Por su parte, el presidente de la Unión Liberal Cubana, Carlos Alberto Montaner, valoró la renuncia de Castro como «un paso de avance, de alguna manera es un paso positivo que después de casi 50 años de dictadura salga oficialmente del juego». Montaner consideró, no obstante, que Fidel Castro «mantendrá su autoridad y su capacidad de frenar los cambios que el país necesita».
Más pesimista se mostró Matías Jove, director ejecutivo de la Asociación Española Cuba en Transición, que sostuvo que el «problema de Cuba no es Castro sino su obra». «Somos pesimistas, la situación de Cuba es muy mala. Castro ha renunciado pero parece que se va a quedar dentro del sistema su sucesor» y además «no hay signos de apertura que nos permitan ser optimistas».
Desde París, la escritora cubana Zoe Valdés está convencida de que no habrá cambios sustanciales en Cuba a pesar de la retirada de Fidel Castro, ya que el «castrismo» como línea política seguirá con su hermano Raúl y otros exponentes del régimen. «Lo que todo el mundo esperaba era la noticia de la muerte», aseguró la escritora disidente, que vive en París y para quien la renuncia de Fidel se ha saldado con un concepto «dinástico» de la política, como es el paso de poderes a su hermano Raúl, que ya tuvo lugar en 2006. Para Valdés esa circunstancia es «desesperante».
Fuente: La Voz de Galicia