Sada en el siglo XVIII
A Velas Vir / Ramón Rodríguez Ares

A mediados del siglo XVIII, reinando Carlos III, la villa de Sada reflejaba su carácter cosmopolita en su población.
En ella se avecindaban muchas personas de distintas regiones de la geografía española; sobre todo de Cataluña, Aragón, Valencia, Extremadura, Navarra, Vascongadas y Andalucía. También un buen número de holandeses y algunos de la vecina Portugal.
Los holandeses, aragoneses y parte de los catalanes estaban domiciliados en la Real Fábrica de jarcias y lonas. Otro grupo de catalanes y valencianos, con la ayuda de los andaluces, se dedicaban a la salazón de la sardina como empresarios. Estos estaban domiciliados en el puerto de Fontán.
Los catalanes procedían de San Martín de Mura, Barcelona, Cervera, Vic, Vilanova y Mataró. Los aragoneses de Daroca, Chalanera, Calatayud, Barbastro, Huesca, Tarazona y Zaragoza. Los andaluces de Cabra, Córdoba, Jaén, Archidona y Málaga.
Toda esta legión de inmigrantes que desembarcaron en Sada hicieron aumentar considerablemente la población; no sólo por su presencia, sino porque tenían unas mujeres muy prolíficas, aportando una importante prole que nutría considerablemente el padrón de habitantes con los nuevos sadenses.
En ocho años, desde 1756 a 1764, nacieron en Sada más de ochenta niños fruto de los matrimonios de los inmigrantes. Todos ellos fueron bautizados por el cura párroco de Sada don José Benito Montenegro.
En aquel entonces la Villa de Sada contaba con un vecindario de 300 personas que vivía a expensas de la fábrica de jarcias que tenía establecida el Estado. Por otra parte, la pesca de la sardina y las fábricas de salazón de los catalanes y valencianos daban vida en el puerto de Fontán a un buen número de hombres y mujeres. Estas industrias significaron para Sada expansión comercial y crecimiento demográfico, hasta el punto de convertirla en el mercado depósito más importante del norte de España, dando vida como nunca a la Villa y a una extraordinaria actividad mercantil y portuaria que hizo la fortuna de muchos comerciantes venidos de distintos lugares de España.
Fuente: La Opinion






































