La feria de Betanzos pierde adeptos
Brillos, tacones de vértigo, rayas, lunares y los estampados más sorprendentes. La Feria de Año Nuevo ya no es lo que era. A los grelos y los quesos les han salido competidores. Y lo peor no es que compitan, sino que anulen. Ayer quedó demostrado: cada vez son más los vendedores que reniegan del 1 de enero. Los cerdos, si pudieran, también lo harían.
Mal empieza lo que mal acaba. O al revés. La mayoría no ha dormido en toda la noche y, mientras ellas optan por las zapatillas para descansar los pies, ellos se inclinan por las gallinas, los pollos o los conejos, que para eso los ha recomendado el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Pero ni ataviados con sus mejores galas consiguen devolver a la Feira de Año Nuevo el esplendor de otras épocas. Ni siquiera los mercados tradicionales son lo que eran. Porque ahora son pruebas de resistencia que sólo superan unos pocos: a los que aún les queda estómago para una ración de pulpo o apurar un último cubata en Os Soportales. Son las cuatro de la tarde y, con conciencia o sin ella, a estos ya no los echan ni los servicios de limpieza municipales.
Las corbatas y los vestidos de fiesta desfilan entre cerdos, vacas y caballos para crear un escenario de surrealismo que ni las excentricidad de las pasarelas de los grandes diseñadores. Lo peor -para ellos será lo mejor, seguramente- es que no se conforman con mirar al cochino dentro del recinto ni al conejo en su jaula. “Lévanos para a casa, pero sólo eles saben para o que os queren”, apunta una vendedora, a la que ni las ventas logran convencer de las maniobras de los jóvenes visitantes.
Como ella hoy, otros ganaderos y agricultores se enfrentaron años atrás a situaciones similares en años anteriores. Éste, optaron por quedarse en casa. También algunos comerciantes.
La estampa de las primeras horas del Año Nuevo en las calles betanceiras se repite, a grandes rasgos, cada 1 de enero. Pero cada edición se introducen novedades. Este año, la media de edad ha bajado, el número de puestos ha caído y las ventas descendido. “Mal empezamos”, comenta un asiduo al mercado. Pero si la noche es larga, el año lo es todavía más y aquí, el que no se consuela es porque no quiere.
Desde los servicios de emergencias comentan la baja afluencia de visitantes y niegan cualquier incidente relevante. Ese capítulo tampoco cambia de un año a otro: los mismos mareos, los mismos tropiezos y las mismas escenas. Hoy la ciudad, sus vecinos, comerciantes y ambulantes, y los que ayer la visitaron regresan a la normalidad. ¿Y el cerdo, qué será de él? Sólo quien lo compró lo sabe.
Fuente: El Ideal Gallego







































